viernes, 30 de enero de 2009

La rutina

Hoy quería ponerme a trabajar. Sacar los pendientes rezagados. Pero hay muchas cosas que me distraen y hoy terminé pensando dos cosas: que chupar el hilo antes de ensartarlo en la aguja es una técnica mundial y que para escribir, necesito beber palabras.

La inspiración huyó hace mucho de mí. A veces me gusta recordar como era eso de contarme historias y sentir como las palabras no dejaban de salir y acomodarse en mi cabeza. Era tan fluido que hasta parecía fácil. Pero ahora me cuesta un trabajo indescriptible hilar una palabra tras otra y que suene agradable.

En estos días no dejo de estornudar y tengo los ojos chiquitos chiquitos porque a ratos me arden como si me hubieran embarrado chile. He tenido mucho trabajo un día si y otro no y eso me ha entrecortado las ideas y las intenciones. Los libros que vinieron de paseo a la oficina fueron “Delirio” y “A moveable feast”. Del primero he tenido que releer el inicio unas 5 agotadoras veces y terminé por darle tregua porque me empezaba a dar nausea la frustración que me invade cuando no me concentro en la lectura y el segundo, me gusta comerlo a cachitos, porque digamos que todavía tengo que mejorar mucho mi inglés.

Hoy, volvió a hacer frío y aire y lo más interesante que he escuchado es la reconciliación de una compañera con su mamá hablando por teléfono. Hoy, a medio día, ya pasaron tantas y tantas cosas, que mañana seguro se me van a olvidar.

viernes, 16 de enero de 2009

El día que la tierra se detuvo

Ayer fui a ver “El día que la tierra se detuvo” y no se porque hoy me siento feliz. Será porque tenía mucho tiempo de no ir al cine sola y sobre todo, tenía mucho tiempo que no veía una película que realmente quisiera ver. Y es que cuando tienes un hijo de 4 años, ir al cine es para ver puro dibujo animado (o animación de última tecnología, pues). Años tenía de no ir al cine y vivir la experiencia de perderte en la película. De disfrutar sobremanera la oscuridad y la experiencia única y personal de ir interiorizando la trama.
Este remake está llena de clichés: el superpoderoso ejército norteamericano, retenes, explosiones innecesarias, la exaltación de la naturaleza humana, el fin del mundo, el hoy de moda tema de la conservación del medio ambiente y por supuesto el clasiquísimo final feliz (los finales felices por lo general siempre arruinan o son clásicos de una mala película, según entiendo la visión de los snobs).
Ciertamente no es la gran película… pero a mi me e-n-c-a-n-t-ó. Creo que se sobre entiende que es por razones meramente personales:
  • Me gusta Jennifer Connelly
  • Me gusta Keanu Reves
  • Por el gigante humanoide tipo película de ciencia ficción de los 50 (que por cierto, hasta nombre tiene: Gort). De verdad, la imagen es un fusil, repetido cientos de veces en muchas películas, pero a mi me resultó vivificante la sensación de viajar a través del tiempo cuando salió en pantalla. Su aparición, su diseño y su actuación se llevan la película.



Así que si quieren pasar un rato de puro y auténtico entretenimiento, sin pensar en la crisis, en el conflicto entre Israel y Palestina y el famoso encuentro mundial de las familias, vayan a ver este buenísimo remake. Digo, sale mejor que aventarse el serial de televisa sobre “los chamanes y el poder” (así o más atole con el dedo, noooo???)

martes, 13 de enero de 2009

Inútil cibernética

Me lleva la que me trajo, nada más no puedo y no puedo y no puedo habilitar el link para los comentarios de este glorioso blog!!! aaaaaaaahhhhhh!!!!

viernes, 9 de enero de 2009

Las persianas

Según el feng-shui, mi escritorio en la oficina está perfectamente orientado. Tengo una ventana detrás y una enorme al frente. Un tiempo, la grande, estuvo cubierta por persianas y yo pensaba que era lo mejor del mundo, porque como el edificio es de cristal, me sentía observada.

Un día hicieron limpieza y recorrieron las persianas. Quedó delante de mi, un hermoso escenario verde, puras copas de árboles y una barda con su herrería negra. Muy padre pensé yo y de ahí en más, venir a la oficina me pareció más agradable.

Pero hoy, terrible cosa, a alguien le dio calor y decidieron que lo mejor era cerrar las persianas y eso me apachurró el corazón. Y como siempre, me quedé calladita, sin reclamar nada.
A veces soy muy tonta.

Ya me empezaba yo a angustiar, cuando me di cuenta que no es algo irremediable, hoy me aguanto… y mañana u otro día espero abrirlas otra vez.

P.D. Ay Dios mío…. Me acabo de dar cuenta lo terriblemente cobarde que soy.