martes, 11 de marzo de 2008

¿Se puede...?

¿Puede nuestro cuerpo ser físicamente nuevo, librarse de toda mancha, de todo pecado y volver a empezar? ¿Se puede hacer lo mismo con el alma...?

Nirvana

Siempre termino escribiendo de algo radicalmente distinto a lo que en un inicio pensé. Porque las ideas vienen en tropel y se me amontonan todas. Mis ideas son como mariposas que hay que atrapar al vuelo… y casi nunca atrapo la más preciosa. Cuando atrapo una, inmediatamente deseo ya otra… preciosa por inalcanzable. Así soy yo: tremendamente idealista.

Escribir obedece al terror de olvidar cómo hacerlo, porque últimamente hay mil cosas en qué pensar. Tengo mil distracciones entre ruidos, pendientes, responsabilidades, ocupaciones… y además, descubrí que hay veces que quisiera escribir como otros. Y es entonces cuando me pierdo por querer evitar mostrarme demasiado, tal cómo soy.

Porque hay que verlo de frente. Así, así como suenan mis palabras escritas, así soy yo. Reservada, tímida, a veces mínima y encerrada en mi misma. Me gusta más estar conmigo que con el resto del mundo, porque me siento incomprendida.

¿Se puede vivir sólo alimentando el alma? ¿Se puede vivir de la contemplación, llenándose con los ojos, con la piel, con el oido, con la boca, sólo con palabras? ¿Qué se necesita —que no sé si no tengo o si tengo pero no me he dado cuenta—para vivir así?

Escribir una sola oración que sea verdadera. Y entonces escribir sobre todas la cosas verdaderas que uno sabe. Hay veces que olvido los placeres que he hecho míos y que son tan íntimos. Y hay veces que mis circunstancias me hacen sentir culpa de redescubrirlos… ¡Dios! Fuera de mi misma, de mi cabeza y sus pensamientos y ensoñaciones hay tantas cosas que hacer… se llama vida real.

¿Cuál es mi asidero? Descubro a veces que sólo yo misma. Una Alejandra que es capaz de estar a gusto con su forma de ser, de pensar y ver la vida. Pero que está tan dentro que sólo sale en momentos que se antojan como un verdadero estado de Nirvana en el que necesitan conjuntarse un sin fin de cosas para que ella esté a gusto y salga.