viernes, 28 de septiembre de 2007

Conflictos con Calíope

Dicen que de músico, poeta y loco todos tenemos un poco. Yo desarrollé más lo de poeta, pero aceptemos que no mucho. En todo caso, antes era más prolifica que ahora.

Entre las reflexiones que hice alguna vez, estaba la de buscar la naturaleza de las musas inspiradoras. En ese entonces concluí que éstas son unas tiranas, porque se me solían aparecer mucho más durante mis tiempos de amargura y desgracia que cuando me sentía contenta.

Ahora estoy conflictuada, porque resulta que escribo menos que antes y con menor talento... ¿¿¿significa eso que ahora soy más feliz, o simplemente que tengo más cosas que hacer??? mmmmmmmm....

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Anoche

Anoche, entre sueños, me conté yo sola una historia, que hoy sabía ya no iba a recordar. Tuve el pequeño impulso de levantarme y escribirlo en ese justo momento, porque ¡Dios!, que bueno me parecía mientras me lo contaba a mí misma… “esto es buenísimo”, pensé. Sin embargo, el sueño, la niebla, los párpados pesados, la deliciosa somnolencia fue más fuerte que la intención de dejar la cama.

Hoy sólo recuerdo que la historia era sobre mí. Sobre mi misma acostada, desnuda y boca abajo en la cama, sintiendo la existencia de cada célula de mi ser, tibia y respirando. Me veía cual larga soy, de punta a punta, con los ojos cerrados y el pelo sobre la cara, tranquila y disfrutando el momento de saberme existir…

Y es todo. Por supuesto que anoche, mi historia seguía y seguía, y si pudiera recuperar las palabras, sería muy feliz. Aunque quien sabe, porque este blog es público y puede haber niños presentes en casa…

jueves, 13 de septiembre de 2007

Amor por la lectura

Era un personaje muy particular. Alto, como más de de 1.80. Ya de entrada resaltaba por eso entre la escasa gente que abordaba el metro ese sábado a las 7:00 de la noche. Pero su altura fuera de lo común, no era nada. Lo que llamaba la atención, era el gesto de su cara, indiferente a todo lo que le rodeaba, salvo por el pequeño libro abierto que traía en la mano.

Aunque había asientos vacíos, se recargó en una de las puertas del vagón, de frente a mí. Tomó una postura muy cómoda, vieja conocida a fuerza de costumbre… mano en el tubo a la altura del hombro, pierna del mismo lado flexionada, todo el peso de su cuerpo sobre la parte de la espalda que tocaba la puerta del vagón. Y a leer.

El libro de bolsillo, desgastado, viejo y a leguas ex habitante de una librería de viejo que no se porque imagino en Donceles, tenía como título “Vuelta usted mañana y otros artículos”. Las demás letras en la portada indicaban que el texto había sido escrito por Mariano José de Larra. Ilustre desconocido para mí, con vergüenza he de aceptarlo.

Este devorador de libros no negaba la cruz de su parroquia. Además del gesto ceñido por un esfuerzo que adivino se debía a tratar de enfocar las letras, sobre la nariz gruesa y dominante de su cara, descansaban unos lentes gruesos y pesados. El gran aumento era evidente y además, estaban prácticamente atados a su cara. No eran unos lentes comunes. Eran parte de su ser.

Si se le veía con detenimiento, con la confianza que daba el no ser descubierta en el examen minucioso debido a su atención en el libro, se notaba que no llevaba encima más de lo que necesitaba para bien vivir: una mochila cruzada al pecho, llena, más no atiborrada de cosas; una botella de agua (o sabrá Dios de qué) de esas que comercialmente son de litro y medio, en un portabotellas de tela bordada color rojo, colgada al cuello.

Si bien su ropa no estaba excesivamente sucia, se notaba que la traía puesta desde varios días atrás: camisa color verde, o humo o mugre, bien fajada en un pantalón caqui con pinzas y cinturón gastado a más no poder. El calzado denotaba otro vicio (o necesidad): la del buen caminador. Eran unos huaraches, resistentes, duros, de batalla, pero desgastados y bien usados. Sus dedos pulgares, ya alcanzaban el piso y un gran, graaaan callo sustituía a la suela del huarache. Que magnífico y asqueroso callo, pensé.

En todo el trayecto, no podía dejar de verlo. Ese hombre, tan particular, el gigante absorto en su lectura, parecía no necesitar más que aquel libro para vivir… y ha merecido más parte en mis recuerdos que cualquier otro pelafustán con traje y zapato reluciente que haya visto en mi vida. Así es esto de vivir… a momentos, y con lo que se queda perenne en la memoria a modo de lección.

lunes, 3 de septiembre de 2007

Ser mamá

Hay días en que ser mamá es un poco difícil... nada que ver con cambiar ropa, bañar, dormir o preparar la comida de mi peque. La dificultad de ser mamá está en otro lado. En procurar que mi hijo esté bien, en cuidar su salud mental, en hacerle sentir que este mundo tiene su lado bueno y allanarle el camino para que sea una persona con sueños, metas y sobre todo, con la energía, la capacidad y la felicidad para alcanzarlas.
Eso es lo dificil de ser mamá. Hoy Iker, mi peque que está a punto de cumplir 3 años, me reprocha a su manera una semana de vacaciones con su abuela Raquel y yo me siento mala madre...! No cabe duda, uno no entiende a los padres hasta que es padre uno mismo...