jueves, 29 de noviembre de 2007

Estoy desesperada...

He descubierto algo.

Los blogs te obligan a ir para atrás para comprender lo que estás leyendo ahora. Empiezas... y entonces, casi siempre, tienes que retroceder.

Y en el regreso, se pierden muchas cosas. Es cómo querer hacerte amigo de alguien que no conoces, con la desventaja de que no a todo mundo le gusta leer ni tiene la paciencia de comprender lo que está leyendo.

He descubierto que los blogs, tan populares, tan globalizados y taaaan númerosos, sirven para todo, menos para conocer personas….

Y es una lástima, porque —y está como corona en la cabeza de mi blog— yo tengo necesidad de ser pensada y me gusta “conocer” a otras personas a través de lo que escriben… pero esto es un riesgo.

Las relaciones humanas son mucho más complicadas y al leer el blog de alguien caes en la tentación de creer conocerlo(a) por lo que escribe y tal vez no es cierto. Ya lo dicen los alemanes con su Gelstat: cada quien ve lo que quiere ver y eso casi nunca coincide con la realidad de los otros. En mi caso, escribo temas sobre las que me gusta reflexionar, pero que rara vez serán tema de conversación frente a frente; y en otras ocasiones (las más) no escribo lo que pienso con todas sus letras, porque soy muy reprimida. Si hay más como yo en este mundo, es casi seguro que un blog no sirve para conocer a las personas.

Sirven para que a los miles que nos gusta leer y por ende, escribir, hagamos pininos y exorcicemos demonios… por lo menos para mi, es buena terapia.

P.D. Pese a todo, sigo escribiendo con la intención de que alguien comente mis post… qué contradictoria, no?

viernes, 23 de noviembre de 2007

Sobre por qué estoy harta de perder las llaves

Verdaderamente que lo mío es patológico. Yo entiendo que de todo individuo ha perdido alguna vez las llaves, que todos hemos caído en la desesperación de no saber dónde carajos están, que hemos volteado la casa patas arriba sólo para descubrir que las traemos en la bolsa del pantalón…

Pero lo mío, es grave, muy grave.

Mi problema no es sólo con las llaves. Punto y a parte de que las pierdo casi a diario, mis niveles de distracción rayan en lo ridículo y sospecho que algún día me van a meter en un problema choncho. Pierdo documentos, olvido fechas o las cambio de lugar, dejo el celular y el monedero donde sea, he cambiado pinchemil veces de lentes porque los boto como si los regalaran… un día de plano olvidé mi bolsa completa. Es realmente irrisorio…pero después de un tiempo, problemas de a gratis y provocar circunstancias difíciles sin necesidad, resulta desesperante.

Para un poco —sólo un poco— de consuelo mío, diré que la razón de mi distracción es otro gran defecto: me acelero muy rápido y en situaciones de estrés, simplemente no puedo pensar. En cuanto tengo una situación problema, mi cerebro trabaja al mil por hora, pero sin orden y sin dar prioridades racionales. Olvido todo con tal de salir del atolladero y después viene el buscadero de algo, que seguramente ya perdí o traspapele. Además, la verdad es que me estreso con demasiada facilidad.

Hasta ahora he corrido con suerte. Mis olvidos, al no salir de mis lugares comunes, le permiten a mis conocidos devolverme las llaves acompañadas de una sonrisa socarrona y cualquier cometario alusivo a mi mala cabeza. Pero… ¡estoy harta! definitivamente, he decidido borrar de mi curriculum que puedo trabajar bajo presión e iré directamente a comprar ging sen o cualquier otra cosa que le haga bien a mi memoria ¿o alguien tiene alguna otra sugerencia?

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Necesito un dibujante

Como explicaba anteriormente, a veces se me da eso de escribir. Últimamente, cada vez que lo hago, recuerdo perfectamente a la chica que un día, entró a mi salón de clases vendiendo los cuentos que escribía para solventar sus estudios. Al parecer, no había suficientes compradores interesados, porque aquella chica, pequeñita, desaliñada, hipiosona, era más bien tímida y parecía sufrir por tener que vender así sus letras. Sin embargo, muchos compramos sus textos, tras la confesión de que eran cuentos e-r-ó-t-i-c-o-s (uuuuuu). Después de la chica, lo que recuerdo, es el sobre hecho con papel de china negro y las letras plateadas sobre él con el titulo del cuento.

No sé que hice con ese sobre, ni con las hojas que contenía. Recuerdo palabras aisladas, y que los protagonistas eran una pareja en busca de una tercera persona (otra mujer) para cumplir una de sus fantasías sexuales.

Era importante mencionar esta pequeña anécdota para justificar que de vez en cuando, me de por querer imitar a aquella joven y rescatar aquellos sentimientos primarios que despertó su cuento en mí.

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Hay una pregunta clásica que todo adulto ha escuchado alguna vez en su vida: “¿Cuál es tu fantasía sexual?”

Las respuestas por lo general, o nos agarra mal parado o tan ensayados en el tema que muchas veces incluye cosas extremas como cuero, látigos, un paraíso tropical, un lugar público, pétalos de rosas y/o velas…

La mía, mi fantasía, es que alguien me dibuje completa, de pies a cabeza.

El dibujante, no deberá necesitar lápiz y papel. Tampoco un taburete, ni un lienzo, ni una paleta con mil colores. Lo único que necesitará, será usar sus dedos para recorrer mi piel, y como requisito i-n-d-i-s-p-e-n-s-a-b-l-e, que empiece por mi espalda. La oscuridad es opcional, pero me inclino por ella, aunque preferiría la penumbra para que el delineado tenga razón de ser… descubrir mucho más allá de lo que permite la mirada.

Necesito que alguien delinee mi figura y me haga sentir el contorno de mi cuerpo, con cada una de las líneas que lo conforman. Necesito existir y que mi existencia sea atestiguada por alguien que cuando sea inquirido sobre mi, sepa perfectamente describirme y si algún día hay necesidad de que me identifique, lo pueda hacer aún en la oscuridad.

Yo lo único que haría a cambio durante el proceso, que imagino delicioso, será cerrar los ojos y dejarme llevar. Para después, si es que el dibujante lo desea, pueda yo entonces dibujarlo a él.