Ayer fui a ver “El día que la tierra se detuvo” y no se porque hoy me siento feliz. Será porque tenía mucho tiempo de no ir al cine sola y sobre todo, tenía mucho tiempo que no veía una película que realmente quisiera ver. Y es que cuando tienes un hijo de 4 años, ir al cine es para ver puro dibujo animado (o animación de última tecnología, pues). Años tenía de no ir al cine y vivir la experiencia de perderte en la película. De disfrutar sobremanera la oscuridad y la experiencia única y personal de ir interiorizando la trama.
Este remake está llena de clichés: el superpoderoso ejército norteamericano, retenes, explosiones innecesarias, la exaltación de la naturaleza humana, el fin del mundo, el hoy de moda tema de la conservación del medio ambiente y por supuesto el clasiquísimo final feliz (los finales felices por lo general siempre arruinan o son clásicos de una mala película, según entiendo la visión de los snobs).
Ciertamente no es la gran película… pero a mi me e-n-c-a-n-t-ó. Creo que se sobre entiende que es por razones meramente personales:
- Me gusta Jennifer Connelly
- Me gusta Keanu Reves
- Por el gigante humanoide tipo película de ciencia ficción de los 50 (que por cierto, hasta nombre tiene: Gort). De verdad, la imagen es un fusil, repetido cientos de veces en muchas películas, pero a mi me resultó vivificante la sensación de viajar a través del tiempo cuando salió en pantalla. Su aparición, su diseño y su actuación se llevan la película.

Así que si quieren pasar un rato de puro y auténtico entretenimiento, sin pensar en la crisis, en el conflicto entre Israel y Palestina y el famoso encuentro mundial de las familias, vayan a ver este buenísimo remake. Digo, sale mejor que aventarse el serial de televisa sobre “los chamanes y el poder” (así o más atole con el dedo, noooo???)