Hoy quería ponerme a trabajar. Sacar los pendientes rezagados. Pero hay muchas cosas que me distraen y hoy terminé pensando dos cosas: que chupar el hilo antes de ensartarlo en la aguja es una técnica mundial y que para escribir, necesito beber palabras.
La inspiración huyó hace mucho de mí. A veces me gusta recordar como era eso de contarme historias y sentir como las palabras no dejaban de salir y acomodarse en mi cabeza. Era tan fluido que hasta parecía fácil. Pero ahora me cuesta un trabajo indescriptible hilar una palabra tras otra y que suene agradable.
En estos días no dejo de estornudar y tengo los ojos chiquitos chiquitos porque a ratos me arden como si me hubieran embarrado chile. He tenido mucho trabajo un día si y otro no y eso me ha entrecortado las ideas y las intenciones. Los libros que vinieron de paseo a la oficina fueron “Delirio” y “A moveable feast”. Del primero he tenido que releer el inicio unas 5 agotadoras veces y terminé por darle tregua porque me empezaba a dar nausea la frustración que me invade cuando no me concentro en la lectura y el segundo, me gusta comerlo a cachitos, porque digamos que todavía tengo que mejorar mucho mi inglés.
Hoy, volvió a hacer frío y aire y lo más interesante que he escuchado es la reconciliación de una compañera con su mamá hablando por teléfono. Hoy, a medio día, ya pasaron tantas y tantas cosas, que mañana seguro se me van a olvidar.